17 de enero de 2019

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Hola, de nuevo.

Las posibilidades de que continuara escribiendo en este papel seguían aumentando a medida que aquella extraña sensación se iba haciendo mucho más presente con el paso del tiempo. No sé qué era lo que me pasaba, ahora menos.

Ese día… no sé cómo expresarlo.

Lo primero que noté cuando salí de la casa fue ese silencio interior que te incomoda, de ese que sólo te trae malos recuerdos y te dice que algo no está bien; sé que no estoy solo. Te he visto pasar por ahí, lo juro. Pero no estabas, ¿a dónde te habías ido? Opté por no preocuparme, “seguro sólo estoy exagerando”, pensé. Algo de lo que me arrepiento eternamente.

¿Sabes algo?, no existe manual que te ayude a afrontar lo efímero de la vida… de la existencia. No logro comprenderlo. Me siento desnudo en la mitad de una batalla campal, recibiendo docenas de balas que mi cuerpo no quiere esquivar. Y así de la nada, ya no estás.

Esto va más allá de que te ame, es que te necesito.

Estoy solo;

Manuel.

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