15 de junio de 2019

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Hola.

Sé que esto que escribiré es algo que no llega a comunicar todo lo que siento, pero lo intentaré.

Me alegra, de alguna manera, volver a escribir en este diario. Me di un momento, respiré y hallé en mi mente un espacio donde pude conversar conmigo mismo. Retrocedo en las páginas y es como si me encontrara con un camino por el cual sabes que sólo cruzarás una vez, ¿una segunda?, nada de eso. Miro hacia adelante.

Cuando pasaba mis dedos por cada página, era como si ella estuviese allí parada, me observaba, estaba atenta… pero no podía hablar. Las letras se volvían cada vez más grandes, tanto, que me hacían sentir tan pequeño… vulnerable; se proyectaba sobre mi rostro la sombra de la soledad.

Decidí que no podía más con ese sentimiento, arranqué esas páginas. Sé que no es suficiente, pero es un buen comienzo, según lo menciona Carlos… según lo que pienso yo.

La decisión que tomó mi madre de quitarse la vida es un proceso que no pude comprender en un inicio, de hecho, sigo sin entenderlo. La verdad es que el egoísmo invadió mi ego y no me hizo soportar otras miradas sobre lo que me rodeaba, las personas… la vida. Ana parece estar mucho mejor con todo, siempre estuvo ahí para mí, tomando la iniciativa, hablándome… y yo pasé por alto eso; espero que me puedas perdonar pronto.

Sé que los buenos recuerdos que tuve con ella me van a ayudar a soportar ese dolor que aún estoy sintiendo. Háblame, ¿si?

Esta no es una despedida;

Manuel.

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